Cuando el presupuesto de cómputo es un rack en el sótano de un ministerio y no una nube elástica, elegir modelo deja de ser cuestión de gusto. Aprendimos a componer especialistas pequeños — y luego descubrimos que el patrón gana incluso donde el cómputo es ilimitado.
La descomposición vence a la escala
Revisar un contrato no es un problema; son extracción, clasificación, comparación y redacción. Cada paso tiene un tamaño de modelo que satura su dificultad. Dirija cada paso al modelo más pequeño que lo sature y el pipeline resulta más rápido, más barato y más fácil de depurar que un gran modelo instruido para hacerlo todo.
La calidad vive en la orquestación
Las ganancias vienen de las costuras: validación entre pasos, reintentos con instrucciones afinadas cuando cae la confianza, escalado a un modelo mayor solo cuando un especialista señala incertidumbre. La calidad es propiedad del pipeline, no de ningún modelo aislado.
Mida el trabajo, no los benchmarks
Los benchmarks premian modelos; las operaciones premian sistemas. Seguimos el coste por tarea completada, la tasa de revisión y el tiempo hasta la aceptación — números que el cliente siente. Con esos números, un conjunto bien orquestado de especialistas pequeños es la configuración más sólida que entregamos, con o sin conexión.