Nuestra promesa pública es simple: envíenos un problema y reciba una respuesta seria en 24 horas. Cumplirla miles de veces exige más que entusiasmo — exige un pipeline sin pasos improvisados. Esta nota lo recorre.
Triaje antes que inteligencia
El primer agente que toca un encargo no lo valora — lo clasifica: industria, restricciones de despliegue, urgencia y si la petición es siquiera coherente. Los encargos ambiguos generan preguntas aclaratorias de inmediato en vez de estancarse en una cola. Las malas entradas fallan rápido; las buenas llegan al analista ya estructuradas.
La estimación es un argumento escrito
Nuestro agente analista no produce un número — produce un caso: alcance dividido en fases, recursos por fase, rangos de coste con supuestos declarados y los riesgos que podrían moverlos. Un humano puede discrepar de cualquier línea porque cada línea es legible. Un precio con el que no se puede discutir no merece confianza.
La puerta humana es el producto
Nada llega al cliente hasta que un operador revisa el plan interno completo — margen, equipo, calendario — y pulsa aprobar. Los agentes preparan la decisión; no la toman. A veces nos preguntan si la respuesta en 24 horas es realmente generada por máquinas. La respuesta honesta: preparada por máquinas, firmada por humanos. Esa combinación es el producto.